NOTA DE PRENSA:
La esencialización de la
materia y sus formas, son parte del discurso interno de la obra,
que sucede entre la estructura., el timbre plástico justo
de los materiales, sus diferentes configuraciones y conexiones significativas.
Tomo decisiones directas dejándome llevar por el deseo y
la intuición de lo que percibo, la visión táctil
indaga en aspectos donde el límite de la mirada y su azarosa
búsqueda cuestionan la realidad de lo visible, para abarcar
lo que no lo es.
La superficie de la obra recoge la energía de la acción
directa, temporal, lo que sucede en el momento, su tensión
espacial que sobrepasa el tratamiento bidimensional en el cuadro,
y que se lo da al objeto.
La expansión del movimiento del límite, en los bordes
que prosiguen, en las líneas sin fin, en su inabarcable visión,
en su hermético simbolismo, planteado en secuencias donde
la reducción es sinónimo de expansión, donde
lo periférico o lateral adquiere visibilidad., tiene lugar
en la indagación más intensa en torno al formato del
cuadro que acaba teniendo una verticalidad escultórica, sin
perder la referencia a la visión frontal y a la ocultación
del envés.
La politonalidad, su complejidad remite al sentimiento de lo sublime.
La supremacía de la sensación pura, del no-objeto,
aquello que surge para trascender la razón.
Con el peso y el volumen de la obra, aparece una sensación
de ligereza, levedad, como pérdida de peso de lo real, donde
el silencio, el vacío, la emoción la acompañan
en su sustancialidad. Las obras son producto de una acción
donde dialogan el azar y el cálculo.
La relación corporal con la obra nos da referencias distintas
sobre nuestra percepción de lo que creemos conocer, atisbando
diferentes posibilidades que sobre la realidad de las cosas tenemos.
Detenerse, parar, para establecer un punto de encuentro en la contemplación
de la inmensidad que nos ocupa, exige un recorrido interno, un dialogar
con lo que se percibe.
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