| |
| |
NOTA
DE PRENSA:
Hay un momento en Pierrot le Fou,
de Godard, que es a la par una demostración de suprema inteligencia
y de hilaridad. Cuando la chica que acompaña a Jean-Paul Belmondo
en el descapotable por la campiña francesa le pregunta, extrañada,
“¿pero a quién miras?”, la respuesta de
Belmondo es implacable: “Al espectador. ¿A quién
va a ser?” La reacción del loco Pierrot va más
allá, imposible no observarlo, de una divertida boutade, pues
de hecho, aquí sí puro Godard, la acción implica
transformar al espectador en una correa de transmisión -agente
nada secreto- con el fin declarado de alterar el rol de aquel que
mira en tanto que elemento constitutivo de la obra, o también,
expresado quizá de una manera más apropiada, como sujeto
partícipe, estructural y comunicativo, en el despliegue de
ese “arte en el tiempo” que todo cine de exposición,
se exponga donde se exponga, lleva implícito en su propio discurso.
La primera vez que vi una selección de los recientes vídeos
realizados por Juan Carlos Robles pensé inmediatamente en ideas
y conceptos tales como “la visión singular de un sujeto
múltiple”, una pedantería por mi parte, desde
luego, pero así me monté la película. Y también:
“una sinfonía coral y enloquecida”. Una cursilada,
por supuesto, pero eso pensé. Y también: “una
ficción vertiginosa para aligerar y aliviar lo que Peter Handke
denominaba el peso del mundo”. Idea esta con la cual ya empecé
a estar un poco más de acuerdo conmigo mismo. Y también:
“un rosario interminable de falsos vídeo-clips, que en
la seducción e inteligencia de su acción y presentación
lleva incorporada una nada disimulada crítica a tanto vídeo
slow, a tanto minimalismo aburrido y cínico, a tanta hipócrita
seriedad tan común en el panorama fílmico español”.
A partir de esta última consideración empecé
a vislumbrar una posible salida, digamos teórica, en lo que
se refiere a la forma de presentar por escrito estos trabajos. Únicamente
me faltaba encontrar una razón, o un porqué, a esa múltiple
y desenfrenada carrera visual que los vídeos nos ofrecían,
casi como un guiño o una parodia de la magnífica escena
de Bande á parte (toujours Godard), en la cual los tres protagonistas
de la película se conjuran, en una veloz carrera sin pausa
ni resuello, para ver el museo del Louvre en diez minutos. Como a
veces sucede, la suerte y la casualidad hicieron el resto. Leyendo,
muy recientemente, los diarios de Robert Musil me encuentro con esta
entrada: “Mientras se piensa en frases con punto final ciertas
cosas no pueden expresarse”. Recuerdo perfectamente lo que a
mí mismo me dije al leer la frase de Musil: joder...
Qué título tan hermoso y jazzístico, tan a lo
Coltrane, Tu fantasía favorita, tan evocador de sonoridades
aterciopeladas de saxo tenor, ha decidido otorgar Juan Carlos Robles
como epígrafe aglutinador a esta exposición, que tan
poco tiene de cueva de jazz inundada de humo y sonidos que parten
el alma. Se diría (y en efecto, así es) que en este
caso la paradoja ejerce su clásica función de sofisticado
elemento desestabilizador de jerarquías, algo así como
desear la comprensión del mundo por vía de su desregulación,
de su devastación conceptual y esencialmente visual. Para ello,
es innegable, los vídeos deben mirar al espectador, interpelando
y brutalizando (dialécticamente) su presencia, socavando la
pasividad intelectual del que observa la prosa del mundo. Ya lo hemos
comentado: los vídeos se organizan en torno a un “sujeto
múltiple” -invisible su dimensión colectiva: visible
su deseo de colectivizar- que en el torbellino enloquecido de las
imágenes teje (y al mismo tiempo destruye ese tejido / texto)
el común espacio simbólico de los reconocimientos, de
las identidades y singularidades esencialistas, y de los espacios
culturales compartidos. O para decirlo con palabras del sociólogo
Garcia Canclini: “Se necesitan sujetos para reconstruir lo social,
y para que la necesidad de ser sujetos con los otros no sea asfixiada
por la política ni banalizada por el comercio”. De ahí
el deseo de ser, tan presente en estos trabajos, tanto que necesitan,
en un rasgo de exquisita inteligencia por parte del artista, ser presentados
como “falsos vídeo-clips” para así investigar
en qué parte (qué cantidad) de Realidad podemos ser
capaces de “transfuncionalizar” a través de la
fantasía para, de esta forma, proteger un “núcleo
duro” que a su vez nos proteja del horror, de la injusticia,
de la devastación, de la estupidez y la frivolidad. Para semejante
tarea no puede haber pausa ni descanso. No puede haber punto final.
Luis Francisco Pérez
Barcelona, Noviembre 2006.
|
|
|
|