NOTA
DE PRENSA:
El nuevo arte está imbuido de la excitación por
lo más nuevo, dado que se presenta mimético al terror
y análogo a la guerra, a menudo sin poder decir, incluso
si declara la guerra a la guerra de las sociedades o si hace la
guerra en causa propia. El artista se encuentra siempre ante la
decisión de presentarse ante la opinión pública
bien como salvador de las diferencias o como señor de la
guerra de las innovaciones. También tiene que aclararse sobre
si está de acuerdo con la ley de la imitación de lo
superior sobre la que se basa toda la cultura ahora, o se asocia
al hábito neobárbaro de la modernidad, de convertir
en regla la imitación de la inferior.
Peter Sloterdijk, Esferas III
Amplia y variada la oferta que presenta Chema Alvargonzález
(Jerez, 1960 ) y que responde a unos abiertos horizontes artísticos
donde todo es posible en función de una acertada intencionalidad
que deja en evidencia un arte lleno de intensidad creativa. El concepto
de viaje, presente en sus obras, ilustra la relación que
Chema Alvargonzález mantiene con el arte: una vía
de conocimiento y un territorio para descubrir las parcelas inéditas
de nuestro ser. Así, sus creaciones revelan un sentimiento
profundo a la vez que aluden reiteradamente a la fragilidad de las
certezas. En líneas generales, hay dos parámetros
con los que Chema trabaja de manera constante: de una parte la luz,
auténtico eje de su reflexión por su carácter
inmaterial y su capacidad para hacer visibles las cosas y, de otra,
el lenguaje, como si quisiera transmitir la esencia de la experiencia
vivida.
Las posibilidades de la tecnología digital usada en las cajas
de luz, junto a la escultura y el vídeo, hacen aumentar las
implicaciones espacio-temporales de su obra a la vez que produce
una disolución de los límites entre lenguajes originando
una nueva realidad artística que supone otro estadio en su
itinerario creativo y vivencial, aunque íntimamente relacionado
con sus trabajos anteriores.
El artista en este caso nos presenta unas cajas de luz y unas esculturas
con las que aborda el tema de la violencia. Desde la caída
de las torres gemelas Chema ha ido guardando recortes de periódico
que son los que encontramos fotografiados y retocados en las cajas
de luz, solo dejando que se reconozca una palabra que hace referencia
a la violencia. Mediante estas obras nos vemos inmersos en el juego
que se establece entre rechazo y comprensión, al igual que
nos sucede ante el constante y diario bombardeo de violencia de
los medios de comunicación. Siguiendo con el juego de dualidades,
en los videos que Chema Alvargonzalez muestra en esta ocasión
en la Galería Oliva Arauna nos encontramos con elementos
de la ciudad que nos colocan ante una situación límite
de “abismamiento”, sin saber hacia donde tirar.
Chema Alvargonzález trabaja y vive entre Berlín y
Barcelona. Su primera exposición individual con la Galería
Oliva Arauna tuvo lugar en 1995 con el título Descifra tu
tiempo, seguida de El laberinto o la formación de otros en
1997 y la última fue Consigna (2001).
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