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NOTA
DE PRENSA:
En el video de Alexandra Ranner “Ich habe genug” vemos
una cabeza que ha sido cercenada del torso que canta, con una voz
melancólica, una cantata de Bach (BWV 82) cuyo título
es el mismo que el del video. Un paisaje estilizado va pasando lentamente,
el agua arrastra la cabeza que, con pena y desesperación expresa
su deseo de morir y su promesa de redención con “Ich
freue mich auf meinen Tod…” (“Miro para adelante
hacia mi muerte”).
Las paradojas dominan el escenario irreal: la orilla fluye ante el
río inmóvil, una cabeza decapitada canta a plena voz
“Ich habe genug” en un registro de bajo, una persona muerta
añora su muerte, una música barroca como yuxtaposición
al mundo hedonista y consumista de hoy en día. Estas contradicciones
presentan diversas referencias a los grandes relatos de la historia
de la civilización. En la mitología griega fue la cabeza
de Orfeo que, cercenada por las Ménades, bajaba por el río
Hebro todavía cantando. El tema cristiano del sufrimiento que
redime al alma humana tiene su proyección en el presente con
el dualismo dolor/erotismo en el teatro, la literatura y el cine.
Alexandra Ranner no “ilustra” estas interrelaciones que
más o menos existen en la memoria colectiva, pero se apropia
de ellas como artista. La manera con que ella trata el tema de la
decapitación y la renuncia es una potente y eficaz imagen que
lleva al espectador a un estado de tranquilidad.
En las maquetas y las fotografías Alexandra simula y representa
interiores, recreándolos tridimensionalmente y fotografiándolos
para que posteriormente le sirvan como base para futuras maquetas.
Mobiliario escaso, iluminación sugestiva, colores apagados
y la sucesión de espacios y ángulos que confunden al
espectador, crean una sensación escalofriante que estimula
las fantasías más “voyeurísticas”
al mismo tiempo que nos hace mantener la distancia.
En la gran instalación titulada “Corridor” (Pasillo)
que ocupa la sala central de la galería vemos un pasillo estrecho
que se va estrechando hacia el fondo donde hace un giro a la derecha.
Una puerta entreabierta nos ofrece una vista hacia una habitación
sutilmente iluminada y cuando nos hemos dado cuenta de lo que estamos
viendo, seguimos sin entenderlo del todo. Podemos ver un hombre sentado
en una silla bajo una ventana mirando al espectador y también
a un espejo, lo que le permite ver lo que está sucediendo detrás
suyo, en la casa de al lado. La situación es confusa y llena
de premoniciones: el hombre está sentado en semi-oscuridad
en una habitación pequeña y claustrofóbica mirando
lo que está sucediendo en casa de su vecino. La escena del
fondo es también rara: el vecino baila con una muñeca,
la zarandea y vuelve a bailar con ella. Podemos reconocer esto con
dificultad, pero lo suficientemente claro como para ver que es un
gesto no del todo inofensivo.
El centro de este trabajo, la vista del interior de la sala, es básicamente
una ilusión. Por lo menos, los acontecimientos no están
sucediendo en la realidad que Alexandra pretende presentar. Sólo
podemos ver la escena como reflejo, donde tiene un papel principal
el espejo. El espectador que mira esta obra está sujeto a un
doble juego: por un lado ejerce de “voyeur”, y por el
otro él es el observado. “Corridor” juega con nuestra
percepción y también con la realidad ya que la profundidad
que percibimos de la sala es sólo aparentemente real. Es real
porque es visible, pero lo que vemos proviene de una videoproyección
reproducida en la pared que está enfrente del espejo. En realidad,
lo que estamos viendo delante de nosotros está sucediendo detrás
de nosotros. Lo fascinante de este trabajo es que nos hace dudar de
lo que vemos y nos es difícil de comprender la situación
espacial de cada cosa percibida.
En el monitor de plasma vemos un vasto campo bajo el cielo azul, un
paisaje cambiante entre montones de escombros y dunas. En medio, y
como si fuese del todo natural, vemos un varias cabezas humanas. Se
trata del video “April”. Como en “I have enough”,
estas cabezas no están muertas y presentan diferentes estados
de ánimo. La acción principal se centra en el entorno:
el tiempo cambia rápidamente, sopla un viento fuerte, va a
llover, pero vuelve a cambiar y se vuelve caluroso y húmedo.
Las cabezas permanecen inmóviles, sólo sus expresiones
cambian. Hablan, de vez en cuando surgen discusiones, gritan, como
cuando se junta gente con personalidades que chocan. La atmósfera
está cargada de un aire absurdo y dramático, conseguido
a través de la conjunción entre ruidos, palabras y acciones,
con la imagen del fondo. |
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